Historia corta de Marisa
Marisa llegaba a casa con las cervicales cargadas
Trabajar cuidando a otros también pasa factura en el cuerpo.
Marisa trabaja en un geriátrico.
Durante su turno ayuda a personas mayores a moverse, vestirse, levantarse o bañarse.
Y al final del día lo nota.
Espalda cargada.
Cervicales tensas.
Piernas cansadas.
Día sí y día también.
Un día, Pedro, su marido, le regaló uno de estos:
Un electroestimulador.
Al principio Marisa no sabía muy bien qué pensar, pero lo probó durante una sesión.
A los pocos minutos empezó a disfrutar de las sensaciones. Notaba pequeñas pulsaciones en la zona cargada.
Cuando terminó, dijo que se sentía más aliviada.
Al día siguiente, al llegar del trabajo, fue ella quien insistió:
“Pedro, ¿me ayudas a ponerme otra vez el aparato?”
Ahora Marisa sigue trabajando como cada día.
Pero cuando llega a casa con las cervicales cargadas, usa el electroestimulador un rato para relajarse y aliviar la zona.
Una rutina sencilla para esos días en los que el cuerpo acaba cargado.
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